Le encantaba leer y por alguna razón que desconozco, leía consecutivamente cada obra. Por un momento la creí una mujer poco cuerda, hasta que entendí más o menos algo de literatura. Una tarde me contó que sólo pretendía hacer un análisis inmanente decada obra literaria, un proyecto en paralelo con una serie de secuencias de menor importancia que por ahora desconozco.
Y amaba las pastillas de menta, y más que nada le gustaba sentir el frío mentol sobre su boca. Nunca me entrometí mucho en el asunto así que no se por qué esa terrible adoración.
Sé que en Domingos por la tarde se sentaba en la orillas del río y escuchaba música. Me dijo que podía inspirarse con música melódica o con cualquier tipo de libro que tuviese a su alcanze, le hacían llegar una especie de imágenes, como recuerdos mojados.. un término algo sofisticado. Nunca la entendía muy bien, por su extenso vocabulario poco claro para mí. Hacía sentirme ignorante y eso despreciaba mis saberes, pero nunca me puse mal por eso.
También me enseñaba, y me hacía pensar de una forma que por alguna razón consideraba divertida, y dibujabamos los pisajes que veíamos desde aquel departamento en el piso 16 de la calle Florida.
Me transmitió su cultura y su alocado modo de vida desde su interesante punto de vista. Una forma muy particular de vivir, porque ella era así: una mujer un poco común y bastante misteriosa, que nunca hablaba de sus asuntos personales, ni hacía preguntas sobre los ajenos, una amiga mía, o algo así.
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