jueves, 4 de marzo de 2010


Él la miró por última vez para siempre jamás con los ojos más luminosos, más tristes y más agradecidos que ella no le vio nunca en medio siglo de vida en común, y alcanzo a decirle con el último aliento:

-Sólo Dios sabe cuánto te quise.






Exactamente a las 8:15, decido que quiero que sea mañana.

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