Te convertís en mi musa, en el espejo de mi alma. Te siento en la garganta, en la cabeza, en las manos. Te siento en el cuerpo y te escribo mientras se me viene a la cabeza un círculo blanco, el instante poco transparente, el espacio entre tus pies y mis manos, tus besos y mis piernas como símbolo de desafecto y discrepancia.
Pero todavía no llegaría el momento del llanto y la pausa, porque todavía sigo escuchándote, de a poco te me vas yendo, alejando y lo sé.. y es ese saber mi tragedia y mi razón de vivir, la distancia de la concepción al hoy, del hoy al deceso, del hoy al suicidio. El sentido más absurdo y desconocido, pero aún así, es todo eso lo que me da vida, tu hablar y mis letras como la motivación más sutil del cuerpo muerto...
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