No estaba en mi camino, y aunque conocíamos nuestros domicilios, cada hueco de nuestras dos habitaciones de falsos estudiantes en París, cada tarjeta postal abriendo una ventanita Braque o Ghirlandaio o Max Ernst contra las molduras baratas y los papeles chillones, aun así no nos buscaríamos en nuestras casas.
Gracias María! Gracias por aquella casa a media cuadra de la vía, gracias por este día.
Te engañaría si dijera que no la extraño (no), no la amo (no), si es por eso que vuelvo a Quilmes cada mes.
La hamaca y el chico que me miraba, el super-mercado y la parada del 92.
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